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La ruta de los limones
Fuente: www.lavaca.org
Miércoles al mediodía, Parque Rivadavia. Dos agentes de la comisaría
10, de civil, están parados frente a un hombre. Uno habla por
celular y el otro garabatea una planilla, con mala letra. Hace el
listado de la evidencia que están por secuestrar: limones (tal vez
cuatro docenas) , una bolsita de ajíes colorados y unos ajos.
-¿Es un procedimiento?
-Afirmativo -, dice el que anota.
-¿De qué lo acusan?
-Violación del Código
Los limones están alineados en la vereda, entre un puesto de flores
y la parada del colectivo. A un costado, el vendedor aguanta su mala
suerte. Apenas dice que tiene 26 años, tres hijos, seis hermanos.
Es miércoles, es mediodía, es Buenos Aires y eso significa que hay
mucha gente yendo y viniendo, sin tiempo para ver más que su propia
urgencia. Sin embargo, alguien se para a mirar.
Y otro.
Y otra.
Miran al vendedor, después miran los limones.
El operativo sigue adelante. Con el correr de los minutos, se forma
un nutrido círculo de curiosos. Alguien pregunta por qué no lo dejan
trabajar. El vendedor cuenta, de pronto, con el ruidoso apoyo de los
albañiles de una obra en construcción que, desde la altura que les
da un andamio, cuestionan a viva voz a la policía. También se ha
ganado el respaldo de los transeúntes, que se suman a las quejas,
criticando el procedimiento en particular y a los uniformados en
general.
En fin, criticándolo todo.
El agente telefonea al fiscal.
-Acá el clima está tenso -comunica-. ¿Secuestro los limones?
Hay risas y cierto aire de triunfo anticipado, pero los policías
obtienen lo que necesitan: la aprobación del fiscal. Al acusado le
dan una copia del acta contravencional. El papel dice: violación al
artículo 83 (uso indebido del espacio público). El patrullero se va,
llevándose los limones. Para el vendedor, su día está perdido. No
sólo éste; el de mañana también, si no logra recuperar en el juzgado
lo que tenía para vender.
El desafío ahora es seguir la ruta de los limones, principal
evidencia en un caso, que habla, (increíble pero real) de la
política criminal implementada en la ciudad de Buenos Aires. Por lo
menos, de cuáles son sus obsesiones.
La policía
Desde el '98 el municipio tiene un fuero propio para las denominadas
contravenciones, que fue creado con la sanción de un Código –primero
el de Convivencia, luego el Contravencional- que reemplazó a los
edictos. El nuevo sistema nació con el objetivo de controlar a la
policía, poniendo fin a los abusos y las cajas de recaudación ilegal
denunciadas durante largos años. Pero esto no debería tapar una
verdad sencilla de constatar: hoy quien aplica el Código
Contravencional sigue siendo la policía.
Son los agentes de calle quienes actúan de oficio, recorriendo la
ciudad y determinando qué situaciones consideran punibles. En los
procedimientos, consultan por teléfono al fiscal y reciben su aval
desde un despacho. Ningún funcionario judicial presencia los
procedimientos. Los policías son los ojos del fiscal, los que tienen
el poder de decir "acá tengo un ilícito" o de hacer la vista gorda.
Su mirada es el primer gran criterio de aplicación del Código.
El defensor
¿Y qué miran? El doctor Antonio Gariglio, defensor oficial, lo
sintetiza de esta manera: las contravenciones más sancionadas son la
venta ambulante y la prostitución callejera. (Traducido: los que no
tienen un trabajo estable, ni ingresos y salen a vender o a venderse
para sobrevivir).
El doctor Gariglio fue el defensor de turno cuando ocurrió el caso
de los limones. No se sorprende con el cuento del procedimiento: la
semana pasada, cuenta, le tocó intervenir en un proceso abierto por
tres chipá y unos termos de café.
Busca su agenda. Muestra las hojas del último mes para corroborar lo
que dice. Tuvo doce juicios orales a su cargo. De esa cifra, la
mitad –seis- fueron contra vendedores ambulantes, uno por oferta de
sexo y el resto a levantadores de quiniela clandestina. "Empleados,
ningún capitalista", describe. "El último, un señor mayor al que le
encontraron tickets de diez centavos. Le cuento esto para que se den
una idea de su nivel económico". Con el rebusque "se había alquilado
una pieza donde dormir".
Procedimientos
La justicia contravencional porteña tiene 24 fiscales, 11 defensores,
31 jueces de primera instancia, 9 camaristas, y dos edificios -uno
frente al shopping Alto Palermo y otro en el barrio de Monserrat-
donde funciona la maquinaria judicial.
El sistema es similar al del fuero penal: por cada caso se abre un
expediente. La máquina se pone el movimiento con los procedimientos
callejeros que inicia la policía. Para proceder, pueden invocar el
Código Contravencional o el de Faltas, según prefiera o convenga.
Después, la fiscalía cita a declarar al imputado. Los defensores
actúan en caso de una contravención, pero no si se aplica el Código
de Faltas, porque en ese caso solo hay un proceso administrativo, no
judicial. Los jueces actúan de garantía, es decir que intervienen
controlando la legalidad el proceso. El acusado puede llegar a un
acuerdo y aceptar una probation o ir a juicio oral. Las condenas son
económicas (multas), pero pueden transformarse en prisión si el
imputado no tiene dinero para saldarlas.
Nadie explica qué pasa si la mercadería confiscada en un
procedimiento pertenece a quien luego, en el juicio, resulta
inocente. Especialmente si se trata de mercadería perecedera, como
en el caso de los limones.
El fiscal
El que está al otro lado del teléfono es Walter López, el fiscal que
ordenó el secuestro de los limones.
-De lo que se trata es de aplicar la ley -dice-. Todos los días hay
procedimientos porque todos los días la policía recorre la calle con
directivas de actuar. A veces incautamos la mercadería y otras no,
según la contravención, pero es la policía la que tiene la total
potestad para actuar en casos como estos.
-¿Y usted cómo evalúa si la persona está ocupando el espacio
público, si no la ve?
-Es difícil hablar en abstracto -dice el fiscal.
-Entonces hablemos en concreto. Con el vendedor de limones, ¿cómo
evaluó si estaba haciendo uso indebido del espacio público?
-Eso no puedo hablarlo con usted. No puedo dar información de casos
específicos, salvo al interesado.
Su voz se ha puesto tensa.
-Sigamos en abstracto, entonces: si una persona usa el espacio
público para ganarse el sustento porque no puede hacerlo en otro
lugar ¿está haciendo un uso indebido, como dice la norma municipal,
o está ejerciendo su derecho constitucional a trabajar?
-Para que yo responda ese tipo de preguntas debe solicitar una
entrevista a través del fiscal general. Si él lo autoriza, yo le
respondo.
La gran reguladora
Para algunos expertos en derecho, la justicia contravencional es más
importante que la penal, por ser la gran reguladora de lo que pasa
en la calle. Especialmente en ciudades como Buenos Aires, con
mejores estándares de vida que el resto del país y rodeada por el
cinturón de pobreza del conurbano. No casualmente, los legisladores
porteños buscaron endurecer el Código con una reforma después de la
ola de protestas de 2001 y 2002.
El uso del Código es, por esto, clave en el diseño de la política
criminal de la ciudad. Dicho de otro modo: los fiscales, al dar
directivas a la policía, la instan a actuar de una determinada
manera. Pueden avalar que se persiga a la pobreza, o pueden
intervenir para que el Estado atienda una situación social de
desigualdad, en lugar de penalizarla.
Pueden considerar que los derechos sociales y económicos son
exigibles judicialmente. O pueden, por el contrario, ordenar que se
decomise la mercadería y avanzar con la acusación.
La pista de los limones llega hasta acá porque la máquina es lenta:
recién ha comenzado el proceso. Para conocer el final tal vez sirva
presenciar un juicio oral por el mismo cargo: uso indebido del
espacio público. Podremos observar así, en vivo y en directo, el
último engranaje de esta Justicia.
La agenda de las audiencias orales se publica en internet.
Hoy se realiza una en el juzgado 2.
En el despacho del juez
El juez Carlos Bentolila lleva un saco príncipe de Gales, prendedor de
oro en la solapa, y en la corbata, una traba dorada. A su espalda
hay una bandera argentina. En un extremo del escritorio, el Código
Penal; del otro lado, el control remoto del aire acondicionado.
La audiencia se hace en su despacho: se acordó una probation, por lo
que sólo es necesario que estén presentes él y la contraventora.
La ceremonia se inicia en voz alta, cuando una empleada del juzgado
se asoma al pasillo y llama por su nombre a la imputada.
Por la puerta aparece una mujer boliviana.
Su nombre es Coca Choque y está acusada de "ocupación de la vía
pública sin autorización". Coca se sienta sin tocar el escritorio,
los pies juntos y las manos en el regazo. El juez dice:
-¿Le explicaron las cláusulas del acuerdo?
-Sí, señor.
-Si usted no cumple, la suspensión del juicio deja de tener lugar.
En ese caso va a una audiencia oral en la que puede ser condenada.
-Sí -repite Coca.
-Quiero decir: si no cumple lo convenido...
(Coca asiente con la cabeza)
-¿Entiende cómo es?
-Sí.
-A usted se le pidió informar de cualquier cambio de domicilio.
-Sí.
-Usted está a disposición del juez
-Sí.
-No se puede ir.
-Bueno.
La probation aceptada por Coca la obliga a ayudar en un comedor
comunitario y donar 100 pesos en mercadería.
Al término de la audiencia, pregunto de la forma más solemne posible
cuál fue el hecho por el que fue a proceso.
El juez dice que no puede hacer pública esa información.
Ya afuera del juzgado, la imputada cuenta:
-Trabajo en una verdulería. Bajamos los cajones con verduras del
flete y quedaron demasiado tiempo en la vereda.
-.¿Y es suya la verdulería?
-No, yo solo firmé el acta.
Castigos
El defensor Gariglio está buscando algún dato sobre los limones. El
problema, dice, es que si al vendedor le aplicaron el Código de
Faltas no tendrá defensor. -¿Por qué?
-Porque la falta es un procedimiento administrativo. Sólo si él
apela va a llegar a una defensoría. Y el que se asusta, no apela.
El defensor revela un dato clave. La mayoría de los casos no llegan
a condena. Uno de los motivos es que el Código indica explícitamente
que la venta ambulante para la subsistencia no es una contravención.
Tampoco llegan a condena los casos de oferta de sexo. En un país
donde la prostitución no es considerada delito, el Código tuvo que
conformarse con penalizar sus modales: sólo es punible si se realiza
de manera “ostensible”.
Esto significa, en la práctica cotidiana, que la mano de los
fiscales está siendo más dura que la letra de la ley.
-¿Entiende cómo puede manejarse una política criminal?, me dice
Gariglio.
-Entiendo.
Para un acusado, el castigo no es la condena, sino quedar sometido a
un proceso. Y es la propia máquina la que aplasta a los que no
tienen nada.
Juicio oral
Otro juicio oral, esta vez por ofrecer sexo en la vía pública. La
audiencia se realiza en el edificio de Monserrat, nuevo, con
ascensores recubiertos de acero inoxidable, personal joven, música
suave. Buen clima.
Los testigos dicen que no vieron nada. El policía que hizo el
procedimiento no puede recordar esa actuación en concreto, aunque
existe una filmación. La idea de filmar a travestis y prostitutas,
que ha sido cuestionada por inconstitucional y fue motivo de una
presentación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad impugnando ese
procedimiento, fue defendida en su momento por el fiscal general
adjunto Luis Cevasco, como un medio "eficaz" para probar una
contravención que de otro modo nunca podía ser probada.
La acusada, una travesti de 50 años, falta a la audiencia. El fiscal
del caso, Walter López -el de los limones- pide que la hagan
comparecer por la fuerza pública.
Mandan a averiguar qué le pasó. Al rato llega la noticia: la
travesti está internada en un hospital.
El nuevo jefe
Por encima de Luis Cevasco en la jerarquía del ministerio público, el
27 de marzo pasado asumió como nuevo fiscal general contravencional
Germán Garavano, propuesto por el jefe de gobierno Jorge Telerman, a
pedido del bloque macrista.
Sus antecedentes son re-conocidos. Fue director académico del Foro
de Estudios sobre Administración de Justicia, Fores, una institución
de lobby creada en el año '76, que tenía como objetivo defender a la
dictadura militar de los cargos por violaciones a los derechos
humanos. En 1985, Fores publicó el libro Definitivamente nunca más,
la otra cara de la Conadep, en el que reivindicaba el terrorismo de
Estado. Cinco años más tarde, realizó estudios en favor de la
ampliación de la Corte Suprema que Carlos Menem impulsó para obtener
la famosa “mayoría automática”. Esos trabajos fueron financiados con
aportes del Consejo Empresario Argentino y de los estudios jurídicos
que atienden a las mayores empresas transnacionales y grupos
económicos locales.
Garavano es quien dictará ahora las instrucciones generales para la
política criminal de la ciudad.
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