Indígenas que viven en
aislamiento voluntario
Numerosos grupos amazónicos enfrentan la
extinción, conforme
desaparecen los espacios en los que tratan de vivir alejados
del mundo moderno.
Alrededor de 64 pueblos indígenas que
viven en aislamiento
voluntario, alejados de los ojos del mundo, en la selva
amazónica están condenados a la extinción paulatina en
Ecuador, Perú, Brasil y Bolivia - grupos como los Tagaeri,
Huaorani, Taromenane, Corubo, Amamhuaca, Mascho, Kineri,
Nanti, Nahua y Kugapakori, entre otros. Estas tribus
permanecen en el misterio, prefieren la existencia aislada que
han mantenido durante siglos, y evitan todo contacto con
extraños. Lo poco que se conoce acerca de ellos se ha sabido a
través de otros grupos indígenas y de encuentros casuales con
desarrolladores y con grupos de defensores de derechos
humanos. Sin embargo, está claro que su número disminuye
rápidamente: el número de los Coruba es de únicamente 40
individuos, asimismo, se calcula que el número de personas que
hablan Mascho es de entre 20 y 100 personas. También se estima
que únicamente 720 personas hablan la lengua Amamhuaca, 500 en
Perú y 220 en Brasil.
Intentar aprender más sobre estos grupos puede ser fatal. El
último informe conocido sobre un contacto con los Tagaeri, el
grupo indígena con el aislamiento más estricto, fue en 1987,
cuando dos misioneros cuya intención era tratar de persuadir a
la tribu de permitir a extractores de petróleo entrar a su
territorio, concluyó con la muerte de ambos misioneros.
Después, los Tagaeri abandonaron sus hogares y desaparecieron
en las profundidades de la densa selva amazónica, mostrando su
rechazo a la coexistencia con el mundo moderno.
Los grupos indígenas ven a las compañías petroleras y de gas,
leñadores, mineros y empresarios como "fantasmas de la
muerte", debido al legado tóxico que pueden dejar tras de sí
al contaminar ríos y bosques considerados como fuente de vida
por estas comunidades. Los grupos indígenas han desarrollado
sus propios sistemas de asistencia médica y de abastecimiento
de comida, pero éstos son frágiles y se ven amenazados
fácilmente por el daño a los ecosistemas en los que habitan. A
menudo, el contacto con personas ajenas a su grupo deriva en
la transmisión de enfermedades, que resultan en epidemias,
puesto que los indígenas no tienen inmunidad contra
enfermedades que en otras partes serían comunes y curables.
Los gobiernos de todo el mundo han reconocido cada vez más los
derechos de los pueblos indígenas. En parte, esto ha sido el
resultado de un proceso de empoderamiento seguido por dichos
grupos, quienes han presentado sus demandas ante los
gobiernos. En el caso de los grupos que viven en aislamiento,
y que prefieren evitar el contacto con representantes de
gobierno y otras comunidades, es mucho más difícil responder a
sus necesidades. El gobierno brasileño ha sido uno de los
primeros en dar pasos para adoptar una política orientada a
crear reservas territoriales para las personas que viven en
aislamiento voluntario, definiendo áreas de exclusión para las
industrias de extracción y para los migrantes. Colombia,
Ecuador y Perú también están buscando realizar acciones
similares. El reto que enfrentan los gobiernos empobrecidos de
la región es lograr un equilibrio entre la explotación de las
riquezas del cinturón amazónico en favor del desarrollo y la
protección de estos frágiles grupos indígenas y de la herencia
cultural que representan. |