"No hay camino para la paz, la paz es el camino".(M.Gandhi)

 

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Enero Autónomo II
Empresas recuperadas y MTD: conversando sin patrón

 

Taller de contrainformación

Cuatro fábricas recuperadas se reunieron en Enero Autónomo con movimientos de
desocupados y con los visitantes al evento, para relatar sus experiencias a
partir de la publicación del libro Sin Patrón (de lavaca editora). Los diálogos,
las anécdotas, los interrogantes durante el taller, y la sensación de
potencialidad que suele generar el acto de encontrar amigos nuevos.


El encuentro se fue organizando en el sector denominado El Camping. Varios
integrantes del MTD de La Matanza y del de Solano, de Ammar Capital (que nuclea
a mujeres en estado de prostitución), de la comunidad indígena guaraní de El
Tabacal de Salta, de asambleas barriales, entre otros colectivos, se instalaron
sobre el césped para escuchar a Cándido González (Chilavert), Guillermo
Sabatella (Maderera Córdoba) Hugo Fucek (Viniplast) y Elsa Montero (Fénix Salud,
ex clínica IMECC).

Todas pertenecen al Movimiento de Empresas Recuperadas (el otro gran movimiento
es el de Fábricas Recuperadas) e incorporaron a Enero Autónomo un elemento que
no suele ser tema de debate: el de la producción, que pareció interesar
particularmente a los movimientos.

La propuesta de lavaca fue la de escuchar la experiencia con el corazón y la
cabeza. Efectivamente, ambos misterios de la anatomía del cuerpo humano
parecieron funcionar sin descanso en las dos horas de reunión.

El truco del número de domicilio

Hugo contó el caso de Viniplast, de Mataderos, productora de telas plásticas
tales como cuerina. Una empresa que fue líder, exportaba cinco camiones diarios
de materia prima para Brasil y llegó a exportar a China. Con la convertibilidad
empezó la crisis. Con el crecimiento de la industria de Brasil "más el
enriquecimiento y el afano", dijo Hugo, pasó de 70 empleados a 9. La patronal
cedió el control de la empresa a un grupo que terminó de vaciarla y la endeudó
en 3 millones de dólares.

"No hubo lucha ni policía. Fue un proceso en el que tuvimos mucha suerte y nos
movimos muy rápido judicialmente".

¿Tuvieron que ocupar la fábrica? "Sí, cambiamos la llave y nos quedamos adentro.
La policía vino tres o cuatro veces a allanarnos. El tema es que traían la orden
de allanar Garzón al 6003, y nosotros cambiábamos la chapita y la poníamos en la
vereda de enfrente. Como no había número no sabían dónde allanar".

Cuando los obreros entraron a la fábrica no había un gramo de materia prima.
"Arreglamos un façon en negro durante tres meses. Façon significa que el que te
contrata te pide un trabajo, te da la materia prima y te paga por la mano de
obra. Es un sistema de explotación. El façon te deja en un nivel de producción
que no te permite crecer". Los trabajadores no cobraban la ganancia de 600 pesos
mensuales, vivían de un subsidio del gobierno de la Ciudad de 200 pesos
mensuales, más bolsones de comida. Vendieron unos 1000 tachos metálicos para
combustible a 5 pesos cada uno. Les dieron 5.000 pesos. Con eso más el pago del
primer façon de 12.000 pesos compraron materia prima para hacer una producción
de plantillas para calzado. Vendieron la producción. Los 12.000 pesos se
convirtieron en 35.000, que a su vez convirtieron en 70 y finalmente en 120.000.

Eso fue la vuelta completa: a los dos meses ya no hacían más façon, y tenían
producción propia.

El jubilado que enseña

En Viniplast empezaron siendo 9 y actualmente son 20: aumentaron el número de
trabajadores en más de un 100 por ciento. Los nuevos, dijo Hugo, se incorporaron
con los mismos derechos y los mismos ingresos que los fundadores. Los ingresos,
por otra parte, son igualitarios, como prácticamente en todas las recuperadas.

Hugo contó que actualmente no hay mano de obra calificada. Cándido: "Con la
desocupación se perdió la dignidad, el oficio". En Viniplast se les ocurrió una
idea brillante para amortiguar ese problema: "Un compañero jubilado de la
empresa va a venir tres horas por día para formar a los más jóvenes. Así se
transmite el oficio. Va a cobrar, y está más contento que todos nosotros juntos
con la idea".

Julio, del MTD de Solano, le preguntó por los costos del producto. Hugo: "Cuando
trabajás, los costos de una cooperativa son menores que los de una empresa
normal, donde el gerente mantiene a la secretaria, le paga la tarjeta gold a la
amante, el auto a la hija. Acá no hay nada de eso, se aprovecha la ganancia para
reinvertir, y nuestro único capital de trabajo es este (golpeándose por encima
del hombro): el lomo".

Julio: "Ustedes anularon el eje más importante de la empresa, la plusvalía".

Cándido contó que los obreros confiaron en la patronal, pensando que al no
cobrar, o cobrar tarde y mal, estaban poniéndole el hombro a la empresa. En
realidad se trataba de un vaciamiento.

Cuando se intentó concretarlo, lograron evitar que se llevaran las máquinas, y
resistieron el desalojo policial con la intención explícita (tenían listos los
bidones de combustible) de incendiar la fábrica.

La policía se quedó custodiando la planta por orden judicial, para impedir que
los obreros trabajaran. Sin embargo, en Chilavert tenían pendiente la entrega de
las tapas para el libro "Qué son las asambleas populares", trabajo que
realizaron de modo casi clandestino. Para sacar las tapas abrieron un boquete en
la pared lindera con el vecino, pasaron las tapas y el vecino las llevó en el
baúl de su auto, frente a las narices policiales.

Cándido: "Yo estuve 42 años en la empresa. No podés estar dos años y ser un
veleta. Pero tuvimos que tomar la fábrica. Fue como cuando te golpeás el pie y
gritás. Fue una reacción instintitiva. No es que queríamos hacer una cooperativa
o conseguir la revolución. Queríamos por lo menos cobrar algo".

Hombres blancos, y los negros del fondo

Las máquinas habían sido eliminadas del inventario de Chilavert. Contó Cándido:
"Aprendimos que así se vacía a las empresas, con el inventario. Ese fue un
negociado del juez, el secretario, el síndico. Todos arreglados con el
empresario: una asociación ilícita, una organización mafiosa. Venden algunas
máquinas viejas, y se llevan las que valen tres millones de dólares".

Había puentes con el barrio. Cándido participaba en la Asamblea de Pompeya. Los
vecinos estaban enterados de la toma. Un día golpearon la puerta de Chilavert a
las once de la noche: "Pensamos que era la policía, pero eran del centro de
jubilados de enfrente, que nos traían pastelitos..."

Cándido no pudo terminar esta parte de su relato, ahogado por la emoción y las
lágrimas. El corazón y el cerebro de todos los que estábamos en la ronda seguían
sin descansar.

Guillermo refirió entonces el caso de Maderera Córdoba. La empresa entró en
convocatoria en el 2002. Sabatella fue convocado a la parte de administración,
lo que le permitió conocer el manejo general de la empresa. "Queríamos salvar a
la firma, a los patrones, porque pensábamos que eso era nuestro beneficio".

La empresa profundizó su crisis, dejó de pagar salarios. Los trabajadores
descubrieron que una de sus compañeras tenía como domicilio uno de los
correspondientes a la maderera. Para que se entienda, está ubicada en una serie
de casas viejas conectadas entre sí, en Córdoba al 3100, Buenos Aires, con una
fachada común salvo la de esa entrada que está a pocos metros del local
principal.

La bautizaron "La Puertita". En diciembre de 2003 se instalaron allí, mientras
la justicia clausuraba el negocio. "Fue difícil decidir, pero lo hicimos. En
estos casos todo suma. El tipo que estuvo en una marcha alguna vez sabe lo que
es tener enfrente a los azules, la policía. Esa experiencias te van preparando.
Ya uno sabe que si la policía tira algo, vos se lo podés devolver", describió
Guillermo.

La justicia había fajado las puertas interiores. Cortaron un pedazo de
aglomerado que tenía la faja, y lo usaban para quitar, entrar a utilizar las
máquinas, y volver a ponerlo al finalizar.

Empezaron a recuperar clientes y a enfrentarse a la policía. Los clientes
preferían seguir trabajando con ellos, antes de probar la incertidumbre criolla
de lo que podría llamarse "una empresa normal".

El promedio de edad en la maderera era de 40, 45 años. "Eramos viejos, no
teníamos posibilidad de encontrar otro trabajo". Guillermo explicó que aún
existe una diferenciación interna en las fábricas: "Están los de administración,
y los negros del fondo, como si en la administración fueran blanquitos.

Cándido, más repuesto, quiso aclarar: "Yo me emociono mucho, pero no por la
lucha que uno lleva adelante. La emoción la produce la pelea que el otro da por
mí". Lo dijo, y volvió a ser inundado por las lágrimas.

El piquete de Parque Centenario

Elsa, de Fénix Salud, la clínica de Parque Centenario, relató la caída de la
empresa, la convocatoria, la quiebra y el cierre en enero del 2004 por parte de
empresarios médicos, que seguían siendo cada vez más ricos.

Elsa recordó el día del cierre de la clínica. "No sabía a dónde ir, no sabía
cómo le iba a decir a mis hijas..." Nuevamente la emoción cortó el relato.
(Luego, Toty Flores del MTD de La Matanza le diría: "es bueno de vez en cuando
poder llorar".

Había miedo acerca de tomar la clínica, pero en marzo Elsa decidió, junto con
Eduardo Murúa (presidente del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas) dar
ese paso. La jueza ya quería rematar todo, incluido el edificio.

El 2 de marzo tomaron IMECC. "A la noche ya éramos 120 personas representando a
todas las cooperativas. Unos traían arroz, otros fideos, todos traían lo que
podían. En vez de sentirte apaleado te sentís grande".

El juzgado intentó impedirlo y unos días después, el 12 de marzo, envió a la
policía para recuperar al edificio como fuera. La policía aprovechó un momento
en el que había relativamente poca gente, y entró por la fuerza a la clínica.
Golpearon a varios trabajadores e integrantes del MNER, incluido Hernán, el hijo
de Cándido.

Elsa contó que hicieron un piquete con gomas quemadas en la avenida Díaz Vélez,
frente a la puerta de la clínica, pero dejaron un carril para que pasaran los
autos: "Una señora pasó y me gritó: 'vagos de mierda, ¿por qué no se van a
laburar?' Y yo pensaba, eso es lo que queremos".

Resolvieron quedarse hasta las últimas consecuencias. Apareció Eduardo Luis
Duhalde, secretario de Derechos Humanos, que quedó a cargo de la clínica. "La
policía destrozó todo adentro, robaron todo lo que se podía robar". Hoy la
clínica está reabriéndose con el proyecto de normalizar totalmente el nivel de
trabajo durante el 2005. Fue una de las 13 expropiadas por la Legislatura
porteña. Los trabajadores tienen 20 años de plazo para pagarla.

Cándido volvió a hablar: "Uno particularmente no ganaría una lucha. Pero la
gente es solidaria y hay un compromiso moral que es más fuerte que el dinero".

¿Estatización o cooperativas?

Neka, del MTD, preguntó por las diferencias concretas en la vida de los
trabajadores, entre cooperativas y el reclamo de estatización con control
obrero. Y contó además que los MTD tienen proyectos productivos, ¿es posible
articular experiencias?

Hugo dijo: "Somos trabajadores que necesitan hacerse cargo de su puesto de
trabajo, porque no existe el trabajo, no existe el patrón, no existe la
autoridad, y todo se va a la mierda. Y el único horizonte que te queda es la
desocupación. Hicimos cooperativas porque es la única figura jurídica para dar
la pelea. La verdad es que lo nuestro es una autogestión de trabajadores para
hacerse cargo de una fábrica. No tenemos nada que ver con cooperativas
tradicionales.

Cándido: "Para que te den la empresa tenés que tener una figura jurídica.
Nosotros siempre decimos que, más que cooperativas, somos fábricas recuperadas
que tomamos la figura legal de cooperativas.

Para mi no se puede tomar una fábrica para hacerla funcionar para la política,
sino para hacerla producir.

Hugo: "La discusión sobre estatización es ideológica. En Brukman querían
estatizar y que el Estado les pagara el sueldo. ¿quéré ser un empleado del
Estado? Es una locura. Nos decían: ustedes están proponiendo la autoexplotación
obrera. Pero no es así, yo me estoy apropiando de los medios de producción,
genero lo que genero y distribuyo lo que genero. Esa es la discusión.

Cándido: "En el caso de Zanón ahora hicieron la coperativa. Y han trabajado muy
bien. Tuvieron el apoyo del pueblo, es una fábrica enorme, incorporaron gente,
son eficientes".

Elsa: "La estatización es más de lo mismo, que un paciente tenga que esperar 6
meses para que se le haga un estudio de corazón. Clínica Medrano fue estatizada,
mandaron a cada compañero a un lugar distinto, la cooperativa se terminó".

Cándido: "Fue una estrategia del gobierno para desarmar un conflicto. Eso fue la
estatización".

Hugo: "Sobre la articulación con los emprendimientos, las empresas entran en lo
que llamamos economía social. Hay fábricas que producen elementos que ustedes
pueden llegar a utilizar, desde materias primas , comida, alimentos, hasta
productos finales".

Otro asunto: "Lo central no es pedirle al Estado que se haga cargo de esto, sino
pedirle que genere políticas públicas genuinas de distribución, de crédito, de
apoyo a la economía social, a las empresas recuperadas. Esos son los
instrumentos que nos sirven".

Cándido: "No se lo pedimos al Estado. Se lo arrancamos".

El trabajo y la presión

Surgió la consulta siguiente: en Zanón, el argumento es que ser estatales
impediría que la empresa se transforme en puro lucro para un grupo, y permitiría
que los beneficios redunden en la sociedad. Al menos esa es la teoría. ¿Cómo
lograr eso en las cooperativas?

Cándido: "Una, nosotros éramos 8 y somos 12. Dos, el otro día fuimos a recuperar
máquinas para Global, nos podían meter a todos en cana, pero lo hicimos. Es el
compromiso moral del que hablaba antes".

Hugo: "Además hay algo esencial. No vamos a ser el nuevo Instituto Movilizador
de Fondos Cooperativos. No somos la nueva burguesía que nace de la pobreza. Esas
son categorías ideológicas que no se condicen con la realidad. Nosotros
triplicamos salarios, mejoramos la condiciones de trabajo, reparamos máquinas y
duplicamos el personal. Y cobramos todos lo mismo. Si genero trabajo genuino,
buen salario, aumento la base social, todos ganamos lo mismo, genero educación,
¿qué más?

Cándido: "Además no somos fábricas cerradas, somos de puertas abiertas. A veces
las tenemos cerradas por los chorros. Pero tenemos un centro cultural. La
Cooperativa Patricios (ex talleres Conforti) directamente tiene una escuela.

Hugo: "Estas cosas no se conocen, tienen una escuela para recuperar a los chicos
de la calle. Hay más de 200 pibes en esa escuela, dentro de una fábrica. Si eso
no es trabajar por la sociedad, ¿cuál es?"

Una de las asistentes a la ronda consultó: ¿cómo se lleva a cabo la toma de
decisiones, y como es la forma de organización?

Hugo: "Cada fábrica tiene su esquema de organización interno, pero la decisión
de qué se produce, qué se arregla, en qué se invierte, qué ganancias se
reparten, todo lo resuelve la asamblea. Lo decidimos todos".

Cándido: "Otro mito es la seguridad. Desde que empezamos, jamás hubo un
accidente. Hay menos accidentes que en las que tienen patronal".

¿Será porque hay menos presión?

Cándido: "Claro, antes entrábamos a las 7, decidimos entrar a las 8. Decidimos
cuándo parar, cuando tomar mate. Cuándo recibir visitas. Prácticamente no hay
accidentes, tampoco en las otras".

Cándido explicó otro aspecto de la idea de seguridad: "La única seguridad para
nosotros es luchar por los otros".

Una joven contó que trabaja como docente en un jardín de infantes recuperado,
casi como una cuestión ideológica, pero su decepción ocurrió al comprobar que
las fundadoras de la cooperativa explotan a la gente que contratan (no las
incorporan a la cooperativa) y cobran tres o cuatro veces más.

Hugo: "Como cooperativa estás habilitado para contratar gente. Pero eso no lo
vamos a hacer nunca. Nunca".

Guillermo contó que en los estatutos del MNER se aclara que salvo un contador o
un profesional que facture por un servicio, el resto tiene que ser integrante de
la cooperativa.

La autogestión

Toty Flores, del MTD de La Matanza, retomó la charla que se había iniciado 24
horas antes junto al uruguayo Raúl Zibechi: "En esta etapa de la resistencia las
formas organizativas que toma la resistencia son múltiples y todas son buenas en
tanto apunten a la recuperación de los lazos sociales. A mi me parece importante
lo que ustedes hacen, el impacto que produce en la cabeza de los compañeros. Si
lo viéramos como resultados solamente, 1000 puestos de trabajos no es para
recuperar el país. O la actitud de los compañeros que están casi obligados a
tomar una empresa, porque es lo más conservador que se puede hacer. En ese
sentido yo creo que hay trayectoria de otros movimientos que vienen pedaleando,
buscando una forma para salir de la crisis, y esta nueva forma que se incorpora
me parece muy fuerte. Es difícil recuperar la cultura del trabajo, y es muy
importante que estemos acá hablando de esto. Nosotros editamos un libro en
Chilavert. La ganancia es para la manutención de un jardín de infantes. Fíjense
cómo se va creando un poder simbólico casi invisible. La fábrica, el movimiento
de desocupados, el jardín de infantes. Esa es la importancia de la eco social.
Esa diversidad. Pero no me quiero engañar. Este es un proceso largo,
terriblemente traumático, y es bueno que lo digamos porque acá no hay soluciones
mágicas".

"Quiero saludar este encuentro con ustedes, más allá de que tenemos muchas cosas
para discutir. Es bueno porque es múltiple la forma de la resistencia".

Cándido: "Nosotros decimos que no nos tienen miedo porque hacemos producir las
fábricas. Pero sí porque creamos conciencia".

Soledad, de La Matanza: "Le quiero decir a Cándido y a Hugo que dijeron que las
fábricas son para producir y no para hacer política. Y yo pensaba que me encanta
la política que ustedes hacen, porque ustedes producen y transforman. Uno hace
política cuando dice 'ganemos todos lo mismo, tratemos a la gente con respeto'".

Cándido: "Tenemos también una política hacia fuera, defender los recursos no
renovables. Considerar a YPF como una empresa emblemática. Nosotros podríamos
recuperarla. Ojalá el tema se pueda instalar en la sociedad".

Luego pronunció otra definición a futuro: "Dentro o fuera de la ley, vamos a
seguir tomando las fábricas".

Neka, de Solano, fue cerrando la ronda: "Lo que aprendí de este encuentro es que
los medios legales, como las cosas que le podemos arrancar al Estado, son eso:
medios. Lo más importante son las personas. Y otra cosa que aprendí es que con
estas acciones le están diciendo no a la explotación, no a la estatización y sí
a la autogestión. Y la autogestión la ejercemos nosotros".

Hubo aplausos y un reconocimiento a los trabajadores: por las lágrimas, y por
las risas.

Fuente: www.lavaca.org

 

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