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La Guerra por recursos
energéticos ya comenzó
El poder del petróleo en el siglo XXI
JACK NAFFAIR
ARTHUR LEPIC*
Los yacimientos de petróleo no son eternos. Algunos Estados,
cuyas reservas disminuyen, están perdiendo poco a poco este
regalo de la naturaleza. Otros, sobre todo en el Medio
Oriente, tienen esperanzas de producir aún durante algunos
años más a bajos precios. El constante aumento de la demanda y
la baja de la oferta previsible a mediano plazo inquietan a
Estados Unidos, que es el primer consumidor mundial.
Economistas de todas las tendencias reclaman una regulación
del acceso mundial a la energía, sin la cual aumentarán las
guerras de rapiña, como la invasión de Irak.
El precio del petróleo ha aumentado constantemente desde el 11
de septiembre de 2001, fecha de partida del nuevo régimen
estadounidense. Aumentó a más del doble en dos años y medio.
Este aumento se debe a movimientos especulativos en los
mercados que tienen en cuenta el «factor riesgo» a muy corto
plazo ignorando, sin embargo, limitaciones geológicas y
necesidades energéticas crecientes cuyos efectos se sentirán
solamente a mediano o largo plazo.
Desde abril 2004, el alza se ha acelerado tanto que el precio del
barril ha alcanzado rápidamente la increíble suma de casi U$S 50
Los especuladores anticipan una reacción militar inminente
de la administración Bush: ya sea con atentados atribuidos a
impalpables islamistas seguidos de un golpe contra la
monarquía en Arabia Saudita [1] o un ataque convencional
contra Siria [2].
A mediano plazo, la demanda creciente de energía a nivel
mundial, imputable sobre todo a la organización de la economía
estadounidense y al desarrollo industrial veloz de la India y
China, chocará en unos años con la caída de la oferta mundial
de petróleo. Se producirá también un alza considerable de los
precios a medida que haya que recurrir a yacimientos cuya
explotación será cada vez más difícil y costosa.
Sin embargo, según todas las proyecciones disponibles, los
principales yacimientos capaces de exportar en el momento de
la crisis se encontrarán en el Medio Oriente. Para la junta
petrolera Bush-Cheney, es por tanto conveniente tomar el
control de esa región estratégica haciéndola pasar por un
periodo de inestabilidad, incluso de caos.
El 31 de marzo de 2004, Yves Cochet alertaba a la clase
dirigente francesa sobre el declive de la producción de
«petróleo convencional» [3] en una tribuna libre que se
publicó en el diario francés Le Monde [4]. Este diputado
ecologista se basaba en los trabajos de los geólogos
independientes de la ASPO [5].
En un editorial del diario New York Times publicado 7 de mayo,
Paul Krugman recordaba por su lado que uno de los principales
objetivos de la invasión contra Irak era aumentar rápidamente
la producción petrolera iraquí para alimentar el crecimiento.
El magnate de los medios de comunicación masivos y uno de los
más entusiastas en apoyar la guerra contra Irak, Ruppert
Murdoch, hacía entonces la apología de las guerras de recursos
en estos términos: «Lo mejor que podría salir de ella para la
economía global, si uno puede expresarse así, sería un barril
a 20 dólares».
Krugman observa con inquietud que ese objetivo no ha sido
alcanzado. El derrocamiento de Saddam Hussein y el fin del
embargo no han bastado para reanimar la producción iraquí en
las proporciones que se esperaba. El alza de los precios
mundiales continúa, los precios de las gasolineras aumentan
diariamente.
Krugman refleja el temor de sus lectores y de los
estadounidenses en general: está llegando el momento en que
esa alza pondrá en peligro el modelo económico del país y su
modo de vida. Krugman descarta las soluciones tecnológicas
ilusorias a las dificultades geológicas (perforar más pozos no
permitirá detener el declive) y concluye, con desasosiego: «Lo
que tenemos que hacer es adaptarnos».
Al terminar su tribuna con tan artística imprecisión, deja a
sus lectores en la alternativa entre aceptar el decrecimiento
(cosa que ningún pueblo admitiría sin que se le obligue a
ello) y la solución militar. En cuanto a esta última, ya que
la estrategia de Bush no ha hecho más que enriquecer a algunas
compañías amigas como Halliburton (con un 80% de crecimiento
en sus dividendos durante los últimos tres meses) sin resolver
el problema, no queda más solución que la estrategia de Kerry [6].
El famoso «Pico de Hubbert» mundial según el modelo que
estableció el ASPO siguiendo la técnica de estimación
desarrollada por el geólogo Marion King Hubbert en los años
50. En lo tocante al petróleo convencional (límite superior de
la parte anaranjada), nos encontramos actualmente en una
bandeja, que se manifiesta mediante una importante fluctuación
de los precios ligada a la inseguridad de la oferta futura
ante un crecimiento permanente de la demanda.
De manera paradójica, el antiguo candidato demócrata apareció
por tanto como el continuador de Bush padre, quien declaraba
en 1991: «Nuestro modo de vida no es negociable».
En los años venideros, el Medio Oriente se convertirá
progresivamente en el punto de origen del petróleo exportable.
Prácticamente en todas las demás regiones del mundo la
producción ha comenzado a mostrar un declive irreversible.
Por consiguiente, la OPEP (organización de países exportadores
de petróleo) se verá inevitablemente en posición de
superioridad con respecto a los productores que no pertenecen
a ella, lo cual pondrá en manos de esa organización un poder
económico y político creciente mientras que la civilización
industrial dependa de la energía fósil. Eso es precisamente lo
que temen los arquitectos del «Gran Medio Oriente» [7] y es lo
que quieren evitar mediante la coerción militar.
Las reservas del Medio Oriente son la clave del poderío para
los próximos decenios. Eso permite entender mejor la verdadera
significación de la frase que pronunciara George W. Bush
después del 11 de septiembre de 2001: «Están con nosotros o
contra nosotros».
En 2010, los países del Golfo Arábigo-Pérsico tendrán bajo su
control exclusivo más del 60% de la producción mundial de
petróleo y, lo que es más importante aún, el 95% de la
capacidad de exportación a nivel mundial. Buena parte de la
producción de los demás Estados que disponen de reservas
significativas se verá entonces absorbida por su propio
consumo doméstico.
A la luz de los datos geológicos y económicos, sería posible
resumir entonces el grito de guerra de los neoconservadores de
la siguiente manera: los países del Golfo, mayoritariamente
musulmanes, gozarán de un poder económico decisivo sobre el
conjunto del mundo industrial, a menos que la fuerza militar
del «mundo judeocristiano» se lo arrebate.
La producción de los países que no son miembros de la OPEP ha
comenzado un declive general y será superada pronto por la
producción de los países de la OPEP, con Arabia Saudita e Irak
a la cabeza. Este último podría servir de caballo de Troya a
Estados Unidos si se mantiene la ocupación. Hay que observar,
además, que para acentuar su creciente peso económico, los
países de la OPEP, impulsados por Hugo Chávez, estudian la
posibilidad de adoptar el euro como moneda para las
transacciones petroleras.
En ese sentido Irak ya había mostrado el camino antes de la
invasión de la «coalición por el petróleo barato», que
restableció inmediatamente el dólar para las transacciones
petroleras.
Según esa lógica, el «choque de civilizaciones» no sería más
que un problema de repartición de recursos, por consiguiente,
una cuestión económica. No hay otra explicación posible ya que
no hay ninguna razón para que el mundo árabe odie a un país
que se verá forzosamente obligado a transformarse en su
vasallo económico. La retórica del choque cultural y religioso
es un engaño que busca arrastrar a la opinión pública a un
conflicto cuyo desenlace sería económicamente provechoso para
el que lo suscita.
El término de reservas debe ser considerado con precaución.
Explico, cuando un país alcanza su pico de producción
petrolera, es decir la mitad de las reservas posibles de
explotables, su producción comienza a declinar progresivamente
la cual se convierte poco a poco más costosa. Así por ejemplo,
los EEUU que alcanzaron su pico de producción en 1970,
importan hoy en día más del 60% del petróleo que consumen. Los
costos de producción del petróleo en los EEUU son por lo menos
tres veces más costoso al petróleo producido en un país como
Arabia Saudita que no ha alcanzado todavía su pico de
producción. Los países señalados con una flecha verde son los
únicos capaces de aumentar su producción ante la tendencia a
la baja o declive de los yacimientos en el resto del mundo.
Los trabajos de la asociación ASPO muestran que de aquí a
pocos años, este aumento potencial no bastará y la
producción global disminuirá, produciendo un choque en el
mercado mundial, el cual se basará en la oferta y no en la
demanda.
Incluso en el seno de la industria del petróleo o alrededor de
ella, un número creciente de personalidades, que no ven con
buenos ojos esta perspectiva de guerra de recursos
generalizada, se pronuncia por un replanteamiento minucioso, y
transparente, del aprovisionamiento energético a nivel mundial.
Muchas voces reclaman, en definitiva, el control de la
repartición energética mundial por una instancia que sea lo
más independiente posible. Así lo hacen tanto el ecologista
Yves Cochet, ya mencionado, como el liberal Matthew Simmons.
Ambos piden, como muchos otros, un plan mundial de emergencia
para detener la inminente crisis energética [8].
En situación de penuria, la cuestión del libre mercado deja de
existir y los más fuertes se convierten en depredadores para
mantener su propio nivel de vida. Esa es la perspectiva que
anticipa el tándem Bush-Cheney [9] al abrir las vías de
comunicación en Afganistán y Georgia, al tratar de derrocar el
gobierno de Venezuela y con la invasión de Irak.
[1] Ver: «Aucune amitié ne résiste au pétrole», Voltaire, 21
de noviembre de 2003.
[2] Ver: «Siria: un objetivo militar imperialista», Voltaire,
8 de febrero de 2005.
[3] El petróleo llamado «convencional» es el más accesible y
fácil de explotar, por tanto es el más rentable, por oposición
al petróleo pesado, polar o de aguas profundas, categorías
designadas como petróleo «no convencional».
[4] Ver nuestras Tribunes libres Internationales del 1ero de
abril de 2004, texto en francés.
[5] También publicamos en nuestras rúbricas Controverses, en
ocasión de este número, la traducción del informe de Mike
Ruppert sobre la conferencia ASPO que se desarrolló en París
en mayo de 2003. Esa traducción de Arthur Lepic para la Red
Voltaire, que asistió a la conferencia, había sido reproducida
varias veces y atribuida por error a otros autores.
[6] Ver nuestro artículo en francés «Militarisme: John Kerry
dans le texte», Voltaire, 24 de marzo de 2004.
[7] Ver en francés: «Bush invente le Grand Moyen-Orient» por
Thierry Meyssan, Voltaire, 22 de abril de 2004.
[8] «Revealing Statements from a Bush Insider about Peak Oil
and Natural Gas Depletion», From The Wilderness, 12 de junio
de 2003.
[9] Leer en francés: «Les ombres du rapport Cheney», por
Arthur Lepic, Voltaire, 30 de marzo de 2004. |
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