"No hay camino para la paz, la paz es el camino".(M.Gandhi)

 

opinión

       

 

 

 

 

 

 

 
Cuando la paz es la guerra

Arundhati Roy
Masiosare



¿Qué es la paz en un mundo salvaje y militarizado? La escritora india examina el
significado de la paz para los países pobres, saqueados y endeudados; para las
135 naciones cuyo producto suma la fortuna de menos de 600 multimillonarios;
para los territorios ocupados; para los musulmanes en países no islámicos; para
las mujeres en Irán, Arabia Saudita y Afganistán; para los parias de la tierra
en general. Para ellos, dice, "la paz es la guerra".
La autora, sin embargo, no cae en la trampa de "hacer una distinción moral entre
la indecible brutalidad del terrorismo y la indiscriminada carnicería de la
guerra y la ocupación". El problema, resume, es cómo salir de la grieta en que
nos tienen la paz "putativa" y el terror de la guerra. En este texto apunta
algunas rutas

Cuando anunciaron el Premio por la Paz de Sydney este año, fui sometida a unos
comentarios bastante pícaros de aquellos que me conocen bien: ¿Por qué se lo dan
a la mayor alborotadora que conocemos? ¿Nadie les dijo que no tienes un solo
hueso pacífico en tu cuerpo? Y uno memorable: Arundhati Didi, ¿qué es eso del
Premio de la Paz de Sydney? ¿Hubo una guerra en Sydney que ayudaste a parar?
Hablando por mí misma, estoy absolutamente encantada de recibir el Premio de la
Paz de Sydney. Pero lo debo aceptar como un premio literario que hace honor a
una escritora por sus escritos, porque, contrario a las muchas virtudes que me
atribuyen falsamente, no soy una activista, ni la líder de ningún movimiento
masivo, y definitivamente no soy la "voz de los sin voz". (Sabemos, claro, que
no hay tal cosa como los "sin voz". Sólo hay los intencionalmente silenciados o
a los que se prefiere no escuchar.) Soy una escritora que no puede afirmar que
represente a nadie más que a sí misma. Así que, aunque quisiera, sería
presuntuoso decir que acepto este premio a nombre de aquellos que están
involucrados en la lucha de los que no tienen poder y de los que están privados
de sus derechos contra los poderosos. Sin embargo, permítanme aceptarlo como una
expresión de solidaridad con cierto tipo de política, cierta visión del mundo,
que millones de nosotros en el mundo compartimos.
Puede parecer irónico que una persona que pasa la mayor parte del tiempo
pensando en estrategias de resistencia y conspirando para romper la putativa
paz, se le otorgue un premio por la paz. Recuerden que vengo de un país
esencialmente feudal –y hay pocas cosas más inquietantes que la paz feudal. A
veces los viejos clichés guardan la verdad. No puede haber una verdadera paz sin
justicia. Y sin resistencia no habrá justicia.
Hoy, no es sólo la justicia, sino la idea de la justicia lo que está bajo
ataque. El asalto contra los sectores vulnerables, frágiles, de la sociedad es
tan plena, tan cruel y tan inteligente –abarca todo y sin embargo tiene blancos
específicos, es descaradamente brutal y sin embargo increíblemente insidioso–
que su mera audacia ha erosionado nuestra definición de la justicia. Nos ha
forzado a no ser tan ambiciosos y a reducir nuestras expectativas. Aun entre los
bien intencionados, el amplio, magnífico concepto de la justicia gradualmente es
sustituido por el reducido, mucho más frágil discurso de los "derechos humanos".

Este es un alarmante cambio de paradigma. La diferencia es que las nociones de
igualdad, de paridad fueron desalojadas y dejadas fuera de la ecuación. Es un
proceso de desgaste. Casi inconscientemente, comenzamos a pensar en justicia
para los ricos y derechos humanos para los pobres. Justicia para el mundo
empresarial, derechos humanos para sus víctimas. Justicia para los
estadounidenses, derechos humanos para los afganos e iraquíes. Justicia para las
castas superiores indias, derechos humanos para los dalits y adivasis (si es que
llegamos a eso). Justicia para los australianos blancos, derechos humanos para
los aborígenes e inmigrantes (la mayoría de las veces, ni eso).
Cada vez queda más claro que la violación de los derechos humanos es una parte
necesaria e inherente del proceso de poner en práctica una estructura económica
y política injusta y coercitiva en el mundo. Sin la violación de los derechos
humanos a escala masiva, el proyecto neoliberal se mantendría en el reino de
ensueño de las políticas. Pero, cada vez más, las violaciones a los derechos
humanos son presentadas como la desafortunada, casi accidental secuela de un
sistema político y económico, que, si no fuera por eso, sería aceptable. Como si
fuera un pequeño problema que puede ser trapeado con un poco de atención
adicional de algunas ONG. Por eso, en zonas con candentes conflictos –en
Cachemira y en Irak, por ejemplo– los Profesionales de los Derechos Humanos son
vistos con cierta sospecha. Muchos de los movimientos de resistencia en países
pobres que luchan contra la enorme injusticia y cuestionan los principios
subyacentes de lo que constituye la "liberación" y el "desarrollo", ven a las
ONG de Derechos Humanos como modernos misioneros que llegaron a quitarle la fea
facha al Imperialismo. Para distender el enojo político y mantener el estatus quo.

La mayoría de los australianos votaron a favor de la relección del primer
ministro John Howard, quien, entre otras cosas, llevó a Australia a participar
en la invasión ilegal y la ocupación de Irak. La invasión de Irak probablemente
pasará a la historia como una de las guerras más cobardes que se hayan librado.
Fue una guerra en la que una banda de naciones ricas, armadas con suficientes
armas nucleares como para destruir el mundo varias veces, acorraló a una nación
pobre, falsamente la acusó de tener armas nucleares, usó a las Naciones Unidas
para forzarla a desarmarse, luego la invadió, ocupó y ahora está en proceso de
venderla.
Hablo de Irak, no porque todo mundo esté hablando sobre él (tristemente a
expensas de que haya horrores en otros lugares que se desenvuelven en la
oscuridad), sino porque es un signo de lo que está por venir. Irak marca el
inició de un nuevo ciclo. Nos ofrece la oportunidad de ver en acción a la
camarilla empresarial-militar que hoy se conoce como "Imperio". En el nuevo
Irak, se quitaron los guantes.
Conforme se intensifica la batalla por controlar los recursos mundiales, el
colonialismo económico, a través de la agresión militar formal, está de regreso.
Irak es la culminación lógica del proceso de globalización empresarial en la
cual el neocolonialismo y el neoliberalismo se fusionaron. Si nos atrevemos a
asomarnos detrás de la cortina de sangre, podremos dar un vistazo a las
despiadadas transacciones que se llevan a cabo entre bastidores. Pero primero,
brevemente, el escenario mismo.
***
En 1991 el presidente estadounidense George Bush senior montó la Operación
Tormenta del Desierto. Decenas de miles de iraquíes murieron en la guerra. Los
campos iraquíes fueron bombardeados con más de 300 toneladas de uranio
empobrecido, lo que ocasionó que se cuadruplicaran los casos de cáncer entre los
niños. Durante más de 13 años, 24 millones de iraquíes han vivido en una zona de
guerra y les han sido negados alimentos y medicinas y agua limpia. Los niveles
de crueldad no fluctuaron dependiendo de si los demócratas o los republicanos
estaban en la Casa Blanca. Medio millón de niños iraquíes murieron debido al
régimen de sanciones económicas anterior a la Operación Conmoción y Pavor. Hasta
hace poco, al tiempo que se realizaba un cuidadoso recuento de cuántos soldados
estadounidenses habían perdido la vida, no teníamos idea de cuántos iraquíes
habían muerto. El general estadounidense Tommy Franks dijo: "No hacemos el conteo
de los cuerpos" (se refería al conteo de los cuerpos iraquíes). Podría haber
añadido: "No le hacemos a la Convención de Ginebra tampoco". Un nuevo y
detallado estudio fast-tracked [publicado con rapidez debido a su importancia]
difundido por la revista médica Lancet y extensamente revisada por expertos,
calcula que 100 mil iraquíes han perdido la vida desde la invasión de 2003. O
sea, 100 auditorios como éste llenos de gente. O sea, 100 auditorios llenos de
amigos, padres, hermanos, colegas, amantes como ustedes. La diferencia es que
hoy no hay muchos niños aquí –no olvidemos a los niños iraquíes. Técnicamente, a
ese baño de sangre se le llama bombardeo de precisión. En el lenguaje común, se
le llama carnicería.
Hoy, la mayor parte de esto es de conocimiento común. Aquellos que apoyan la
invasión y votan por los invasores no se pueden refugiar en la ignorancia.
Realmente deben creer que esta brutalidad épica es correcta y justa, o al menos
aceptable porque es en aras de su interés.


Teología de la Liberación Empresarial

Así que el mundo "civilizado", "moderno" –construido con tanto esfuerzo sobre un
legado de genocidio, esclavitud y colonialismo– ahora controla la mayor parte
del petróleo mundial. Y la mayoría de las armas mundiales, la mayor parte del
dinero mundial, y la mayoría de los medios en el mundo. Los medios empresariales
incrustados, en los que la doctrina de la Libre Expresión fue sustituida por la
doctrina Libre (Si Estás De Acuerdo) Expresión.
El jefe de inspectores de armas de la ONU, Hans Blix, dijo que no encontró
evidencia de armas nucleares en Irak. Se descubrió que cada pizca de evidencia
producida por los gobiernos estadounidense y británico era falsa –ya fuese los
informes de que Saddam Hussein le compraba uranio a Nigeria, o el informe
producido por la Inteligencia británica que se descubrió que estaba plagiado de
una vieja disertación estudiantil. Y sin embargo, antes de la guerra, día tras
día, los diarios y los canales de televisión más respetados en Estados Unidos
mencionaban en sus titulares la "evidencia" del arsenal de armas nucleares de
Irak. Ahora resulta que la fuente de la "evidencia" manufacturada acerca del
arsenal de armas nucleares de Irak era Ahmed Chalabi, quien (así como el general
Suharto de Indonesia, el general Pinochet de Chile, el Sha de Irán, el Talibán
y, claro, el mismo Saddam Hussein) fue financiado con millones de dólares por
los viejos cuates de la CIA.
Y, así, un país fue bombardeado hasta el olvido. Es verdad que ha habido algunos
murmullos de disculpas. Perdón, cuates, pero tenemos que seguir adelante. Ahora
llegan nuevos rumores acerca de armas nucleares en Irán y Siria. Y, ¿adivinen
quién informa acerca de estos nuevos rumores? Los mismos periodistas que sacaron
las falsas "exclusivas" acerca de Irak. El verdaderamente incrustado equipo A.
El que encabeza la BBC tuvo que dimitir y un hombre se suicidó porque un
reportero de la BBC acusó a la administración de Blair de "inflar" los informes
de inteligencia acerca del programa de armas de destrucción masiva iraquí. Pero
el que encabeza Gran Bretaña sigue en su empleo a pesar de que su gobierno hizo
mucho más que "inflar" los informes de inteligencia. Es responsable de la
invasión ilegal de un país y del asesinato masivo de su pueblo. A los que
visitan Australia, como yo, se les pide que contesten a la siguiente pregunta
cuando llenan la ficha de la visa: ¿Alguna vez has cometido o has estado
involucrado en crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad o los derechos
humanos? ¿Les concederían visas a George Bush y Tony Blair? Bajo los principios
de la legislación internacional seguramente califican como criminales de guerra.

Sin embargo, imaginar que el mundo va a cambiar si los quitan de sus puestos es
ingenuo. La tragedia es que sus rivales políticos no disputan realmente acerca
de sus políticas. El apocalíptico debate de la campaña electoral estadounidense
se centró en quién sería un mejor "comandante en jefe" y un administrador más
efectivo del Imperio Estadounidense. La democracia ya no ofrece a los votantes
una alternativa real. Sólo una engañosa opción.
A pesar de que no han encontrado armas de destrucción masiva en Irak,
impresionante nueva evidencia reveló que Saddam Hussein tenía planeado un
programa nuclear. (Como yo tenía planeado ganar una medalla olímpica de oro en
nado sincronizado.) Demos gracias a la doctrina del ataque preventivo. Sólo Dios
sabe qué otros malévolos pensamientos cobijaba –enviar Tampax por correo a los
senadores estadounidenses, liberar conejitas en burkas en el Metro londinense.
Sin duda todo quedará revelado en el libre y justo juicio de Saddam Hussein que
pronto tendrá lugar en el Nuevo Irak.
Todo menos el capítulo en el que aprenderíamos cómo Estados Unidos y Gran
Bretaña lo atosigaron con dinero y asistencia material mientras él llevaba a
cabo ataques asesinos contra los kurdos y los chiítas iraquíes. Todo menos el
capítulo en el que aprenderíamos que el informe de 12 mil páginas entregado por
el gobierno de Saddam Hussein a la ONU fue censurado por Estados Unidos porque
enumera a 24 empresas estadounidenses que participaron en el programa de armas
nucleares y convencionales iraquí pre-guerra del Golfo. (Incluye a Bechtel,
DuPont, Eastman Kodak, Hewlett Packard, International Computer Systems y
Unisys.)
Así que Irak fue "liberado". Su pueblo fue subyugado y sus mercados "liberados".
Ese es el himno del neoliberalismo. Libera los mercados. Chíngate a la gente.
El gobierno estadounidense ha privatizado y vendido sectores enteros de la
economía iraquí. Las políticas económicas y las leyes fiscales fueron rescritas.
Ahora, las compañías extranjeras pueden comprar 100% de las empresas iraquíes y
expatriar las ganancias. Esto viola descaradamente las leyes internacionales que
rigen a una fuerza ocupante, y es una las principales razones de la sigilosa,
apresurada farsa en la que el poder fue "entregado" a un "gobierno interino
iraquí". Una vez que la entrega de Irak a las multinacionales haya culminado,
una ligera dosis de democracia genuina no hará ningún daño. De hecho, podría
servir como buenas relaciones públicas para la versión Empresarial de la
Teología de la Liberación, también conocida como Nueva Democracia.
No es de sorprenderse que la subasta de Irak provocó una estampida al
abrevadero. Empresas como Bechtel y Halliburton, la compañía que el
vicepresidente estadounidense Dick Cheney alguna vez encabezó, ganaron enormes
contratos de trabajo de "reconstrucción". Un breve currículum vitae de
cualquiera de estas empresas nos daría la comprensión que puede tener un hombre
de la calle acerca de cómo funciona todo esto –no sólo en Irak, sino en todo el
mundo. Pongamos como ejemplo a Bechtel (sólo porque la pobrecita de Halliburton
está bajo investigación, acusada de inflar los precios de las entregas de
combustible a Irak y por sus contratos de "restauración" de la industria
petrolera iraquí que venían con un precio bastante elevado –2.5 mil millones de
dólares).
***
El Grupo Bechtel y Saddam Hussein son viejos conocidos de negocios. Muchos de
éstos fueron negociados ni más ni menos que por Donald Rumsfeld. En 1988,
después de que Saddam Hussein gaseó a miles de kurdos, Bechtel firmó contratos
con su gobierno para construir una planta química de uso dual [civil y militar]
en Bagdad.
Históricamente, el Grupo Bechtel ha tenido y continúa teniendo inextricables
vínculos cercanos con el establishment republicano. Se podría decir que Bechtel
y la administración Reagan-Bush son un equipo. El ex secretario de Defensa,
Caspar Weinberger, era un consejero general de Bechtel. El ex subsecretario de
Energía, W. Kenneth Davis, era vicepresidente de Bechtel. Riley Bechtel, el
gerente general de la empresa, es parte del Consejo de Exportación del
Presidente. Jack Sheehan, general jubilado, es primer vicepresidente de Bechtel
y miembro de la Junta de Política de Defensa estadounidense. El ex secretario de
Estado, George Shultz, quien está en la Junta de Directores del Grupo Bechtel,
era presidente de la junta de consejo de la Comisión de Liberación de Irak.
Cuando The New York Times le preguntó si estaba preocupado por que pareciera que
hubiera un conflicto de interés entre sus dos ‘empleos’, dijo: "No sé si Bechtel
en específico se beneficiaría de ella [la invasión de Irak]. Pero si hay trabajo
que hacer, Bechtel es el tipo de compañía que lo podría hacer". A Bechtel le han
otorgado contratos de reconstrucción en Irak por un valor de más de mil millones
de dólares, los cuales incluyen contratos para reconstruir las plantas de
generación eléctrica, las redes de suministro eléctrico, el abastecimiento de
agua, los sistemas de drenaje y las facilidades aeroportuarias. Ni hablar de
puertas giratorias, esto –si no estuviera tan empapado de sangre– sería una
farsa de alcoba.
Entre 2001 y 2002, nueve de 30 miembros del Grupo de Política de Defensa
estadounidense estaban vinculados a compañías a las que les fueron otorgados
contratos de Defensa con un valor de 76 mil millones de dólares. Hubo una época
en la que se fabricaban armas para librar guerras. Ahora se fabrican guerras
para poder vender armas.
Entre 1990 y 2002, el Grupo Bechtel contribuyó con 3.3 millones de dólares a las
campañas, tanto republicanas como demócratas. Desde 1990, ha ganado más de 2 mil
contratos gubernamentales con un valor de más de 11 mil millones de dólares.
Este es un increíble rendimiento de la inversión, ¿no?
Y Bechtel deja huella en todo el mundo. Eso es lo que significa ser una
multinacional.

El Grupo Bechtel primero atrajo la atención internacional cuando firmó un
contrato con Hugo Banzer, el ex dictador boliviano, para privatizar el
suministro de agua en la ciudad de Cochabamba. Lo primero que hizo Bechtel fue
incrementar el precio del agua. Cientos de miles de personas que simplemente no
podían pagar las cuentas de Bechtel salieron a las calles. Una enorme huelga
paralizó la ciudad. Se declaró la ley marcial. Si bien finalmente Bechtel se vio
obligado a huir de sus oficinas, actualmente está negociando un pago por
millones de dólares del gobierno boliviano por la pérdida de ganancias
potenciales. Lo cual, como se verá más adelante, se está volviendo un popular
deporte empresarial.
En la India, Bechtel, junto con General Electric (GE), son los nuevos dueños del
tristemente célebre y recién difunto proyecto energético de Enron. El contrato
de Enron, que legalmente obliga al gobierno del estado de Maharashtra a pagar a
Enron la suma de 30 mil millones de dólares, fue el mayor contrato firmado en la
India. A Enron no le dio pena presumir los millones de dólares que había gastado
en "educar" a los políticos y burócratas indios. El contrato de Enron en
Maharashtra, el primer proyecto energético privado fast track, es conocido como
el mayor fraude en la historia del país. (Enron fue otro de los grandes
contribuyentes de campaña del Partido Republicano.) La electricidad producida
por Enron era tan cara que el gobierno decidió que era más barato no comprarla y
pagarle a Enron los cargos fijos obligatorios especificados en el contrato.
¡Esto significa que el gobierno de uno de los países más pobres del mundo le
estaba pagando a Enron 220 millones de dólares estadounidenses al año para que no
produjera electricidad!
Ahora que Enron dejó de existir, Bechtel y GE están demandando al gobierno indio
por la suma de 5.6 mil millones de dólares estadounidenses. Esto no es ni una
diminuta fracción de la suma que ellos (o Enron) invirtieron en el proyecto. Una
vez más, es un pronóstico de la ganancia que hubieran obtenido si el proyecto se
hubiera materializado. Para darles una idea de lo que representa, 5.6 mil
millones de dólares es un poco más del monto que el gobierno de la India
necesitaría al año para un Programa de Empleo Rural Garantizado, que provea de
un sueldo de subsistencia a millones de personas que actualmente viven en
abyecta pobreza, aplastados por las deudas, el desplazamiento, la desnutrición
crónica y la OMC. Esto en un país en el que los campesinos, hundidos en deudas,
son llevados al suicidio, no por cientos, sino por miles. La propuesta del
Programa de Empleo Rural Garantizado es objeto de burla de la clase empresarial,
por ser una demanda utópica, poco razonable, presentada por la "lunática" y
recién poderosa izquierda. ¿De dónde saldrá el dinero?, preguntan con sorna. Y
sin embargo, cualquier mención acerca de incumplir un mal contrato con una
empresa notoriamente corrupta como Enron tiene a los mismos cínicos
hiperventilando acerca de la fuga de capitales y los terribles riesgos de "crear
un mal clima de inversión". Ahora el arbitraje entre Bechtel, GE y el gobierno
de la India tiene lugar en Londres. Bechtel y GE tienen razones para estar
esperanzados. El secretario de Finanzas de la India, quien participó en la
aprobación del desastroso contrato de Enron, regresó a casa tras unos años en el
FMI. No sólo a casa, a casa con una promoción. Ahora es vicepresidente de la
Comisión de Planeación.
Piensen en esto: las supuestas ganancias de un solo proyecto empresarial serían
suficientes para proveer de empleo durante 100 días a 25 millones de personas
con salario mínimo (calculado con el promedio ponderado de distintos estados).
Eso representa a 5 millones más que la población de Australia. De ese tamaño es
el horror del neoliberalismo.
La historia de Bechtel empeora. En lo que sólo puede ser calificado como
inmoral, Naomi Klein escribe que Bechtel demandó exitosamente por "reparaciones
de guerra" y "ganancias perdidas" a un Irak desgarrado por la guerra. Le fueron
otorgados 7 millones de dólares.

Así que, todos ustedes, jóvenes graduados de administración, ni piensen en
Harvard y Wharton –he aquí la Guía al Exito Empresarial del Gerente Flojo:
primero, llena la Junta con altos servidores públicos. Luego, llena el gobierno
con miembros de tu Junta. Añade petróleo y bátele. Cuando nadie pueda distinguir
dónde termina el gobierno y dónde comienza tu compañía, colúdete con tu gobierno
para equipar y armar a un despiadado dictador de un país petrolero. Hazte de la
vista gorda mientras mata a su propio pueblo. Hierve a fuego lento. Usa el
tiempo para recolectar algunos miles de millones de dólares en contratos
gubernamentales. Luego, de nuevo colúdete con tu gobierno mientras derroca al
dictador y bombardea a sus súbditos, poniendo especial atención en bombardear la
infraestructura básica, y de paso matando a 100 mil personas. Recoge otros mil
millones de dólares, más o menos, de contratos para ‘reconstruir’ la
infraestructura. Para cubrir los viáticos, demanda por reparaciones y por
ganancias perdidas al país devastado. Finalmente, diversifica. Compra una
estación de televisión, para que en la próxima guerra puedas exhibir tu hardware
y tecnología de armas y disfrazarlo de cobertura de la guerra. Finalmente,
instituye un Premio de Derechos Humanos a nombre de tu compañía. Podrías darle
el primero postmortem a la Madre Teresa. No podrá rechazarlo o argumentar en
contra.
La invadida y ocupada Irak ha sido obligada a pagar 200 millones de dólares en
"reparaciones" por las ganancias perdidas a empresas como Halliburton, Shell,
Mobil, Nestle, Pepsi, Kentucky Fried Chicken y Toys R Us. Eso sin contar su
deuda soberana de 125 mil millones de dólares que la obliga a recurrir al FMI,
el cual espera a un costado del teatro, como el ángel de la muerte, con su
programa de Ajuste Estructural. (Aunque en Irak no parece haber muchas
estructuras que ajustar, a excepción de la tenebrosa Al Qaeda.)
En el Nuevo Irak, la privatización abrió un nuevo campo. El ejército
estadounidense recluta cada vez más mercenarios privados para ayudar en la
ocupación. La ventaja con los mercenarios es que cuando mueren no son incluidos
en la cuenta de los cuerpos de soldados estadounidenses. Ayuda en el manejo de la
opinión pública, la cual es especialmente importante en un año electoral. Las
prisiones fueron privatizadas. La tortura fue privatizada. Ya vimos a qué nos
llevó eso. Otras atracciones en el Nuevo Irak incluyen el cierre de periódicos.
El bombardeo de estaciones de televisión. El asesinato de periodistas. Los
soldados estadounidenses han abierto fuego contra muchedumbres de manifestantes
desarmados que han matado a decenas de personas. El único tipo de resistencia
que ha logrado sobrevivir es tan desquiciado y brutal como la ocupación misma.
¿Hay espacio para una resistencia secular, democrática, feminista, no violenta
en Irak? En realidad, no.

Por eso recae sobre aquellos que vivimos fuera de Irak crear una resistencia no
violenta, secular, basada en las masas, contra la ocupación estadounidense. Si
fallamos en hacerlo, corremos el riesgo de permitir que la idea de la
resistencia sea secuestrada y fusionada con el terrorismo, y eso sería una pena
porque no son la misma cosa.
¿Qué significa la paz en este mundo salvaje, empresarial, militarizado? ¿Qué
significa en un mundo en el que un atrincherado sistema de apropiación ha creado
una situación en la que los países pobres que durante siglos fueron saqueados
por regímenes colonizadores están hundidos en deudas con los mismos países que
los saquearon, y tienen que pagar esa deuda a una tasa de 382 mil millones de
dólares al año? ¿Qué significa la paz en un mundo en el que la riqueza combinada
de 587 multimillonarios excede el producto interno bruto combinado de los 135
países más pobres del mundo? ¿O cuando los países ricos que pagan subsidios
agrícolas de mil millones al día tratan de forzar a los países pobres a quitar
sus subsidios? ¿Qué significa la paz para la gente en países ocupados, como
Irak, Palestina, Cachemira, Tíbet y Chechenia? ¿O para los aborígenes de
Australia? ¿O para los Ogoni de Nigeria? ¿O para los kurdos en Turquía? ¿O para
los dalits y adivasis de la India? ¿Qué significa la paz para los que no son
musulmanes en los países islámicos, o para las mujeres en Irán, Arabia Saudita y
Afganistán? ¿Qué significa para millones que fueron expulsados de sus tierras
por las presas y los proyectos de desarrollo? ¿Qué significa la paz para los
pobres a los que activamente despojan de sus recursos y para los cuales la vida
cotidiana es una severa batalla por el agua, el refugio, la supervivencia y,
sobre todo, algo semejante a la dignidad? Para ellos, la paz es la guerra.
Sabemos perfectamente bien quién se beneficia con la guerra en la era del
Imperio. Pero, ¿también debemos preguntarnos con toda honestidad quién se
beneficia de la paz en la era del Imperio? Incitar a la guerra es criminal. Pero
hablar de la paz sin hablar de la justicia podría convertirse fácilmente en una
promoción de una especie de capitulación. Y hablar de justicia sin desenmascarar
a las instituciones y a los sistemas que perpetran la injusticia, va más allá de
la hipocresía.
Qué fácil es echarle la culpa a los pobres de ser pobres. Qué fácil es creer que
el mundo está en una espiral ascendente de terrorismo y guerra. Eso es lo que
permite al presidente estadounidense decir: "O están con nosotros o con los
terroristas". Pero sabemos que esa es una alternativa espuria. Sabemos que el
terrorismo es simplemente la privatización de la guerra. Que los terroristas son
los libre-mercaderes de la guerra. Ellos creen que el uso legítimo de la violencia no es solamente prerrogativa del Estado.
Es un infundio hacer una distinción moral entre la indecible brutalidad del
terrorismo y la indiscriminada carnicería de la guerra y la ocupación. Ambos
tipos de violencia son inaceptables. No podemos apoyar uno y condenar el otro.
La verdadera tragedia es que la mayoría de las personas en el mundo está
atrapada entre el horror de la paz putativa y el terror de la guerra. Estos son
los dos escarpados acantilados que nos encierran. La pregunta es: ¿cómo nos
salimos de esta grieta?
Para aquellos a los que les va bien materialmente hablando, pero que están
moralmente incómodos, la primera pregunta que se deben plantear es si realmente
se quieren salir de ahí. ¿Qué tan lejos están dispuestos a ir? ¿Se volvió
demasiado cómoda la grieta?
Si realmente quieren salir, hay buenas noticias y malas noticias.
Las buenas noticias son que la avanzada ya comenzó a escalar desde hace tiempo.
Ya está a la mitad del camino. Miles de activistas en todo el mundo han estado
trabajando duro, preparando puntos de apoyo para los pies y asegurando las
cuerdas para que sea más fácil para el resto de nosotros. No hay sólo un camino
de subida. Hay cientos de maneras de hacerlo. Hay cientos de batallas librándose
alrededor del mundo que necesitan de sus destrezas, sus mentes, sus recursos.
Ninguna batalla es irrelevante. Ninguna victoria es demasiado pequeña.
Las malas noticias son que las coloridas manifestaciones, las marchas de fin de
semana y los viajes anuales al Foro Social Mundial no son suficientes. Tiene que
haber actos de verdadera desobediencia civil con verdaderas consecuencias. Quizá
no podamos mover un switch y conjurar una revolución. Pero hay varias cosas que
sí podemos hacer. Por ejemplo, podrían hacer una lista de aquellas empresas que
se han beneficiado de la invasión a Irak y que tienen oficinas aquí en
Australia. Podrían nombrarlas, boicotearlas, ocupar sus oficinas y llevarlos a
la bancarrota. Si puede ocurrir en Bolivia, puede ocurrir en la India. Puede
ocurrir en Australia. ¿Por qué no?
Esa es sólo una pequeña sugerencia. Pero recuerden que si la lucha recurre a la
violencia, perderá visión, belleza e imaginación. Y, lo más peligroso de todo,
marginará y eventualmente victimizará a las mujeres. Y una lucha política que no
tiene a las mujeres en el corazón de la misma, sobre él, debajo de él, y dentro
de él, no es ninguna lucha.
El punto es que tenemos que librar esa batalla. Como lo dijo el maravilloso
historiador estadounidense Howard Zinn: No Puedes Ser Neutral en un Tren en
Movimiento.
(Traducción: Tania Molina Ramírez. Se reproduce con autorización de la autora.
Copyright 2004 Arundhati Roy)
Arundhati Roy es autora de la novela El dios de las pequeñas cosas, ganadora del
Premio Booker. Este fue el texto que leyó el pasado 3 de noviembre, con motivo
de la aceptación del Premio de la Paz de Sydney, otorgado por la Fundación de la
Paz de Sydney.

 

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