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Construyendo una nueva vida ladrillo a ladrillo


ALTO APURE, Venezuela, 2 de febrero (ACNUR) - Apenas amanece en Guasdualito y Jairo Augusto (no es su nombre real) y sus hijos ya están mezclando arena y cemento para elaborar ladrillos de concreto para construcción. "Somos una familia numerosa y nos gusta trabajar, nacimos para trabajar," afirma emocionado mientras vacía la mezcla lista del cemento en los moldes cuadrados.

Viendo a este enérgico y trabajador padre es difícil imaginarse que hace dos años Augusto vivía con el miedo constante de los grupos armados irregulares que operan en Colombia. Después de ser acusado de rebelión y haber recibido amenazas públicas de muerte, él y su familia decidieron huir a Guasdualito, Venezuela, donde se instalaron en una finca abandonada y empezaron a reconstruir sus vidas.

Al inicio, los 30 miembros de la familia de Jairo Augusto estaban desempleados y trabajaban ocasionalmente vendiendo pescado en El Gomero, un puerto en las orillas del río de Sarare en Venezuela. También limpiaron casas mientras que Augusto trabajó como peón en una de las grandes haciendas.

Poco tiempo después, Augusto averiguó si su idea de producir ladrillos para construcción sería aceptada como un proyecto autosostenible dentro del Programa de Integración y Apoyo a la Comunidad del ACNUR. "Hacía ladrillos en Colombia y quise trabajar en lo que sé hacer bien," dijo.

El ACNUR y el Servicio Jesuita a Refugiados financiaron la compra de las materias primas para producir los ladrillos de cemento y la asistencia técnica y capacitación en administración de proyectos.

Augusto primero vendió los ladrillos de concreto para la construcción de grandes contenedores de fertilizante vegetal destinados a varios proyectos agrícolas promovidos por el ACNUR.
Después del éxito de este primer proyecto, él amplió su clientela colocando carteles que
anunciaban sus bajos precios a lo largo de la carretera que lleva a Guasdualito, población de aproximadamente 60.000 habitantes. La noticia de los competitivos precios de sus productos se difundió entre los residentes, que utilizan los ladrillos para ampliar sus casas y para construir pequeñas empresas y quioscos.

"Ahora la comunidad los considera como constructores y proveedores de servicios, no como víctimas, refugiados o migrantes ilegales," dijo Eduardo Soto del Servicio Jesuita a Refugiados en Guasdualito. "Se han ganado el respeto de la comunidad debido a la calidad, seriedad y responsabilidad de su trabajo.“

Armando Baldini, un voluntario de las Naciones Unidas que trabaja con el ACNUR en Alto Apure, agregó: "Estos proyectos autosostenibles son importantes no sólo porque proporcionan medios de subsistencia a los refugiados y los solicitantes de asilo, sino también porque les ayudan a reconstruir sus vidas, a sentirse útiles y a colaborar con la comunidad de acogida."

Jesús Alberto, dueño de una pequeño negocio de frutas y verduras, también se ha beneficiado con los proyectos autosostenibles del ACNUR. "Yo era agricultor en mi ciudad natal e incluso traje semillas de Colombia, pero no tenía nada para trabajar la tierra aquí," explicó. El financiamiento del ACNUR permitió que este joven refugiado colombiano comprara el fertilizante y las herramientas que necesitaba para cultivar su primera cosecha.

"Comencé plantando tomates y perdí toda la cosecha. Después me cambié al cultivo de cilantro y logré venderlo muy bien," dijo. Además del cilantro Jesús ahora cultiva y vende maracuyá, papaya y piña en las tiendas locales y a clientes particulares. Con las ganancias de este proyecto compró algunos cerdos e incluyó la carne de cerdo en su lista de productos.

"Tengo muchas más ideas sobre proyectos, pero por ahora quiero ampliar mi cosecha. También tengo un secreto que mantiene a mis plantas con vida - rezo todos los días."

Agregó: "Me gusta trabajar en el campo. Es mi vida. La tierra me dio vida y la tierra me
ayudará a alimentar a mi familia."

El ACNUR ha registrado cerca de 2.000 solicitantes de asilo colombianos en Alto Apure y ha puesto en ejecución 51 proyectos que benefician a más de 300 personas. Cada año el ACNUR proporciona 40.5 millones de Bolívares ($20.000) para los proyectos autosostenibles implementados por el Servicio Jesuita a Refugiados.

Por Grace Guerrero
ACNUR Venezuela

Fecha: 2 Febrero 2005

 

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