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Abuso de poder
Fuente: www.lavaca.org
El miércoles 11 de julio, desde las 15 horas, dos agentes de la
Policía Federal se apostaron frente al domicilio personal de una de
las integrantes de lavaca, la periodista Claudia Acuña, y comenzaron
a exigir la identificación de las personas que ingresaban al hogar.
Habían recibido por parte del “responsable de calle” de la Comisaría
10 la orden de exigir DNI, nombre y dirección a cada ingresante. Uno
de los uniformados que cruzaba el paso del domicilio brindó un solo
detalle: la orden se había originado en la Fiscalía Contravencional
Nº 3, a cargo de Marcela Solano. El CELS se presentó en esa
fiscalía, exigió el retiro de la policía y pidió explicaciones. La
respuesta: es un procedimiento habitual en ese fuero. Ahora, el
organismo evalúa un pedido de informes para que, oficialmente, el
ministerio fiscal contravencional detalle causa, motivo y cantidad
de casos en los que utilizó esta vía “compulsiva” . Luego de todas
estas gestiones, pudimos finalmente conocer el origen del
procedimiento: Claudia Acuña será llevada a juicio por la supuesta
infracción al artículo 80 y puede ser sancionada con una multa de
hasta 3.000 pesos. ¿La excusa? La acción que un grupo de artistas,
prostitutas, periodistas e intelectuales realizaron para denunciar
la explotación sexual de mujeres con complicidad policial, judicial
y política. Este atropello revela en qué se ha convertido el fuero
contravencional, a quién controla y con qué fuerza lo presiona. Como
denunciar este funcionamiento ha sido el objetivo de la serie de
artículos que publicamos en nuestro periódico MU, reproducimos a
continuación la nota que publicamos en la edición 3 y que,
justamente, hace mención al rol de los fiscales, la Comisaría 10 y
al nuevo jefe de esa máquina que controla la vida pública de nuestra
ciudad llamada Justicia Contravencional .
El miércoles 11 de julio, desde las 15 horas, dos agentes de la
Policía Federal se apostaron frente al domicilio personal de una de
las integrantes de lavaca, la periodista Claudia Acuña, y comenzaron
a exigir la identificación de las personas que ingresaban al hogar.
Según la explicación de los agentes, habían recibido por parte del
“responsable de calle” de la Comisaría 10 la orden de exigir DNI,
nombre y dirección a cada ingresante. En la comisaría, confirmaron
esa información al abogado Gerardo Fernández, del Centro de Estudios
y Sociales (Cels), aunque se negaron a suministrar más datos. Uno de
los uniformados que cruzaba el paso del domicilio brindó un solo
detalle: la orden se había originado en la Fiscalía Contravencional
Nº 3, a cargo de la doctora Marcela Solano. El agente reconoció que
nunca había recibido este tipo de directivas, ya que de tratarse de
una citación o “comparendo obligatorio” el trámite habitual es el
lógico en estos casos:
1) La fiscalía le proporciona a la policía el nombre de la persona
que busca.
2) La policía le notifica a esa persona el requerimiento fiscal.
El jueves, el doctor Fernández se comunicó con la fiscalía N” 3,
donde justificaron la medida con la letra del Código
Contravencional: la policía puede exigir identificación y la
fiscalía puede emitir comparendos obligatorios. Y aunque en esta
oportunidad ambas cosas se combinaron para hacer evidente el
atropello, no menos cierto es que la aplicación cotidiana de la
letra del Código por parte de policía y fiscales tiene, en muchas
casos, estas licencias.
Ya viernes, el director del Programa de Violencia Institucional del
Cels, doctor Gustavo Palmieri y el doctor Gerardo Fernández se
presentaron en la fiscalía para exigir el retiro de la policía y
explicaciones sobre esta medida. La repuesta: es un procedimiento
habitual en ese fuero. Ahora, el Cels está evaluando un pedido de
informes para que, oficialmente, el Ministerio fiscal
contravencional detalle causa, motivo y cantidad de casos en los que
utilizó esta vía “compulsiva” .
Luego de todas estas gestiones, pudimos finalmente conocer el origen
del procedimiento: Claudia Acuña será llevada a juicio por la
supuesta infracción al artículo 80 del Código Contravencional. El
artículo convierte en contraventor a ”quien mancha o ensucia por
cualquier medio bienes de propiedad pública o privada” y puede ser
sancionado con “de uno (1) a quince (15) días de trabajos de
utilidad pública o multa de doscientos ($ 200) a tres mil ($ 3.000)
pesos.” El acta se labró en ocasión de la presentación del libro
Ninguna mujer nace para puta, cuando un grupo de mujeres artistas,
periodistas, prostitutas e intelectuales denunciaron la explotación
sexual de mujeres y niñas con complicidad policial, política y
judicial.
Tal como narró Claudia Acuña días después, en un debate del que
también participaron Nelson Castro y Tomás Abraham–organizado por
los familiares de Cromañón-, el día de la acción: “Nos rodearon tres
móviles policiales y nos amenazaron con levantar cargos penales.
Gracias a la intervención del abogado Claudio Pandolfi la policía se
ubicó. Llegó entonces, un oficial inspector que recibió por teléfono
la orden de la fiscal. Entonces, nos hicieron un acta que hicimos
leer en voz alta. Decía, al mencionar las pruebas del delito: el
personal policial comprobó la escritura de frases tales como “el
Código Contravencional es la coima policial”.
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