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Familia refugiada afgana
finalmente se encamina hacia una
nueva vida en Estados Unidos
ISLAMABAD, (ACNUR)- El vuelo que el refugiado
afgano Sadiq Mir y su familia tenía programado tomar el 11 de
septiembre del 2001 finalmente despegó, llevándolos a una
nueva vida en los Estados Unidos.
La pareja afgana y sus seis hijos originarios de Kabul, a
quienes el ACNUR consideró que podrían enfrentar una posible
persecución religiosa en su tierra natal -, habían estado
esperando su partida hace exactamente 29 meses, cuando los
devastadores ataques golpearon a los Estados Unidos.
Faltando seis horas para tomar el vuelo, su viaje fue
abruptamente cancelado por el cierre de los aeropuertos en los
Estados Unidos. Cuando éstos fueron reabiertos, las
autoridades estadounidenses congelaron todos los casos como el
de Mir, es decir, refugiados que estaban siendo reasentados en
los Estados Unidos después de que ACNUR había concluido que
enfrentarían persecución o peligro si regresaban a sus países
de origen.
Bajo las nuevas y estrictas reglas estadounidenses, algunos
casos fueron aprobados nuevamente en pocos meses, pero el caso
de Mir se mantuvo pendiente cerca de dos años y medio. Existen
casi 50 personas que tenían programado su reasentamiento en
las semanas posteriores al 11 de setiembre y que aún están
esperando la aprobación.
Mir y su familia debieron esperar hasta hoy para abordar
finalmente el vuelo desde Islamabad. Su travesía, arreglada
por la Organización Internacional para las Migraciones,
culminará con el arribo a medio día del jueves, a su nuevo
hogar en Chicago. Mir supo recién el viernes pasado que
Estados Unidos había aprobado su reasentamiento y trató de
comprar un poco de ropa abrigada al conocer su destino
definitivo el domingo.
"He estado esperando desde el 22 de junio del 2001", dijo Mir
exaltado, minutos después de conocer su aceptación. Su familia
había empacando y esperaba ir al aeropuerto cuando las
aeronaves secuestradas se estrellaron contra los edificios en
Nueva York y Washington. "Pensé que la partida sería
postergada cuatro o cinco días".
Mir se había mudado de Afganistán a Paquistán en los años 80
después de convertirse al cristianismo y luego de un breve
retorno en 1992, nunca ha regresado. Pero enfrentó amenazas
también en la ciudad fronteriza de Peshawar por lo que el
ACNUR trasladó a su familia a Islamabad en el 2001 para
protegerlos. El temor nunca desapareció completamente.
"Cuando sucedieron los ataques del 11 de septiembre y los vi
en la televisión y luego mi viaje fue cancelado, pensé que mis
hijos iban a ser asesinados", dijo Mir. "En aquel momento
algunas personas nos seguían. Incluso ahora, cuando voy a un
mercado tengo miedo".
La solución más adecuada para los refugiados, según el ACNUR,
es el retorno a sus lugares de origen. Pero cuando esto o la
integración en el país del que han huido no es posible, el
ACNUR propone los casos a terceros países que aceptan acoger a
personas que enfrentarán persecución o peligro si regresan a
sus lugares de origen. La razón puede ser la persecución por
motivos políticos o creencias religiosas o la vulnerabilidad
enfrentada por individuos como las viudas.
"Si supiera que podría vivir en Afganistán, no hubiera
preferido irme a otro lugar", dijo Mir, de 47 años. "Pero ya
que uno de mis amigos fue asesinado por estas personas y otros
han sido atacados, sé que allá no puedo tener una vida
normal".
Mir, su esposa Najia y sus seis hijos -tres niñas y tres
varones cuyas edades van de los 8 a los 16 años- habían
tratado muchas veces de prepararse para su nueva vida.
Compraron una pizarra para colocar en la pared de su
apartamento de cuatro recámaras en las afueras de Islamabad,
para que los niños que sabían inglés les enseñaran a los
otros.
Pero a finales del año pasado ya no tenían suficiente dinero
para que todos los niños asistieran a la escuela y en enero ya
ninguno asistía. Trató de complementar un pequeño estipendio
de subsistencia que le brindaba el ACNUR con lo que él podía
adquirir vendiendo joyería -mucha de ella hilada por su
esposa- en un mercado local los fines de semana.
"Cuando vaya a los Estados Unidos antes que nada trataré de
conocer a la gente, aprender más de su idioma", dijo Mir. "Y
tendré que encontrar empleo para apoyar a mi familia. Cuando
tenga un trabajo apropiado, también quiero trabajar con joyas,
como ahora".
"Y luego quiero ayudar a los huérfanos -estadounidenses,
afganos, paquistaníes, iraníes. Para mí no existe diferencia
entre ellos, todos son seres humanos", dijo.
Mientras pasaban las horas antes de la partida, la familia se
sentó cerca de sus valijas, notablemente nerviosos por que
algo pudiera detenerlos de nuevo. Sólo cuando finalmente se
sentaron en el autobús que los llevaría al aeropuerto y
partieron, el mayor de sus hijos varones, Qadir de 14 años,
sonrió efusivamente y dijo adiós con su mano por la ventana.
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